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El general Della Rovere y el señor Marco

JOAN MARIA THOMÀS
La Vanguardia (Barcelona) 23/05/2005

En 1959 Roberto Rossellini inmortalizó en su filme Il generale Della Rovere la historia de un impostor. La de un presunto general italiano (protagonizado en la película por Vittorio De Sica) que era en realidad un delincuente común detenido por la policía alemana de ocupación y que había dejado atónitos a sus interrogadores por su capacidad de invención y simulación. Decidieron convertirlo en general e infiltrarlo en la prisión de San Vittore, famosa por albergar a oficiales en lucha contra la República de Saló y los ocupantes alemanes, y más famosa aún por las torturas que les inf ligían la Gestapo y las SS. El general, que en realidad se llamaba Bertoni, solicitó a los alemanes tiempo para ganarse la confianza de los detenidos antes de filtrarles las informaciones que pudiera obtener. He aquí, sin embargo, que el general con cursivas se convirtió en general sin ellas, en un auténtico superior para sus compañeros, dedicándose a consolarles tras los interrogatorios y, sobre todo, a recordarles que no eran delincuentes sino oficiales del ejército y hombres cabales que luchaban por su país.

Y se obró el milagro. Hombres destrozados por la tortura recuperaban su dignidad y se comportaban valiente y gallardamente. Oficiales que entraban desastrados en la celda del general salían de ella pidiendo al barbero que los adecentase para recuperar su debida aparencia.

Ante el fracaso de su iniciativa, los alemanes acabaron por deshacerse del presunto general. Lo trasladaron al campo de Fossoli, donde fue fusilado junto con otros 65 prisioneros.

La última anécdota se produjo al ser llamado por su nombre para el convoy de la muerte. Nuestro personaje no respondió a la voz de Bertoni, sino que forzó a que se le nombrase como general Della Rovere. Ante el pelotón de ejecución aún pudo dirigir palabras de aliento y patriotismo al resto de sus compañeros de infortunio. Murieron todos al grito de "Viva el rey".

¿Cómo no emocionarnos ante la gesta de tal impostor? La del hombre que trocó el papel de soplón por el de héroe antifascista.

Impostor de otro tipo es el señor Enric Marco. Presunto luchador antifascista en la Resistencia francesa, presunto detenido por la Gestapo, presunto torturado, presunto internado en el campo de concentración de Flossenburg, presunto ganador de partidas de ajedrez a miembros de las SS, autor de libros llenos de presuntas vivencias en los campos nazis..., el personaje ha resultado ser un trabajador que solicitó voluntariamente ir a trabajar a la Alemania nazi, convencido en 1941 por la Delegación Nacional de Sindicatos de las oportunidades, comida y sueldo que le esperaban allí y que regresó a España dos años después. Las investigaciones del excelente historiador que es Benito Bermejo han puesto las cosas en su sitio y nuestro hombre ha tenido que dimitir como presidente de la Amical Mauthausen.

Pero he aquí que, ante su infortunio, el impostor no ha sabido comportarse como un Della Rovere. En lugar de optar por la única salida digna que tenía, la del silencio, ha decidido convertir el descubrimiento de su desfachatez en un nuevo espectáculo, reivindicándose ni más ni menos que como testimonio y voz de aquellos que no podían o no querían hablar, en portavoz competente y ardoroso del sufrimiento de esa espantosa experiencia. El inmenso respeto que cualquier bien nacido siente ante un superviviente de los campos de concentración nazis, ante uno de los republicanos españoles que allí murieron, es el respeto que se siente ante personas que sufrieron lo indecible por una causa justa y contra la barbarie. Eso es intransferible. Pero el impostor se ha aprovechado indebidamente de ello, engañando a miles de estudiantes de escuelas, institutos y universidades. Ha engañado a unos ex deportados, con razón demasiado ocupados en reivindicar su historia y sus derechos ante una clase política española y catalana que ha tardado años en reconocer su contribución a la lucha antifascista y a tratarlos con el respeto que merecen.

Aprenda del general Della Rovere, señor Marco. Dignifíquese con su silencio.

JOAN MARIA THOMÀS, profesor de Historia Contemporánea en la Universitat Rovira i Virgili


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