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Cuando Enric Marco era Enrique Marcos

Diario La Nueva España (Oviedo) 22-5-2005

(Foto) Enric Marco, en un acto de homenaje a los prisioneros de Mauthausen celebrado en Madrid a finales de enero. A su lado, los presidentes de la comunidad autónoma, Esperanza Aguirre, y del Congreso de los Diputados, Manuel Marín.

El falso superviviente barcelonés de los campos de concentración nazis protagonizó varios actos sindicales en Asturias entre 1978 y 1980

Oviedo, J. C.

Enric Marco, 84 años, que durante los últimos treinta se inventó un heroico pasado como ex prisionero de los campos de concentración nazis -fue presidente de la asociación Amical Mauthausen-, y cuya fabulación acaba de ser puesta al descubierto por el historiador Benito Bermejo, estuvo al menos en dos ocasiones en Asturias en el desempeño de otra de sus diversas actividades públicas: la sindicalista. Como responsable de CNT en Cataluña acompañó a la histórica dirigente anarcosindicalista Federica Montseny y al entonces secretario general de CNT en Andalucía, el gijonés José Luis García Rúa, en un acto sindical celebrado, bajo un fortísimo aguacero, y antes unos 300 simpatizantes, en la plaza de toros de Oviedo el 1 de abril de 1978. A comienzos de 1980 volvió a participar en otro acto, en la Casa Sindical de Gijón. Pero éste ya no se produjo bajo la lluvia, aunque sí en medio de circunstancias tormentosas: la escisión en la CNT. Entonces aún no era Enric, sino Enrique, y ni tan siquiera se apellidaba Marco, sino Marcos.

«Nosotros siempre lo conocimos como Marcos, y de hecho siempre figuró así en los carteles y en la documentación del sindicato. Lo de Marco para mí es nuevo», declaró desde Granada García Rúa. En las informaciones que publicó entonces LA NUEVA ESPAÑA también se lo menciona como Marcos.

La transmutación del apellido, al compás que catalaniza el nombre de pila, vino a acontecer -por las fechas en que se produce- durante la época en que comienza a reconstruir su pasado, de suerte que este mecánico de coches en un taller de la Travessera de Les Corts, en Barcelona, antaño trabajador voluntario -merced a los acuerdos entre Francisco Franco y Adolf Hitler- en la Alemania nazi, vino a erigirse en un viejo luchador contra el Tercer Reich, con una fantástica historia de heroicidades, sacrificios y bizarras actuaciones por la libertad, que le arrostraron mil y un penalidades y el paso por los campos de exterminio hitlerianos. Nada era cierto, pero todo resultó convincente durante treinta años. Aunque no para todo el mundo.

Muchos de quienes le oían la narración de sus peripecias de viejo luchador -y entre ellos, el historiador que finalmente probó su falsedad autobiográfica- recelaron de su autenticidad por la facundia con la que se expresaba -lo que contrastaba de forma muy viva con la parquedad y a veces laconismo de los auténticos supervivientes del infierno nazi, a quienes les resulta muy doloroso y traumático verbalizar sus experiencias- y por las imprecisiones de localizaciones, fechas y circunstancias, cuando no los errores fácticos, en que incurría. La facilidad con la que se expansionaba en rememorar truculencias y el escapismo con el que eludía la contextualización histórica de sus supuestas vivencias constituían severos motivos de duda razonable sobre su relato.

García Rúa, que llegó a tener graves divergencias sindicales con el entonces Enrique Marcos -el primero sigue en la CNT y el segundo fue uno de los que encabezaron la escisión que dio lugar a la actual CGT-, sostiene, al cabo de tres décadas, que siempre dudó de los testimonios del catalán: «A mí siempre me pareció un fabulador. Le calé en seguida. Lo que ocurre es que tiene una gran facilidad de palabra. Hace tres o cuatro meses, volví a manifestarle mis sospechas a un compañero en Zaragoza. Yo estaba convencido de que jamás había estado en campos de concentración. Lo intuí por su forma de hablar, porque nunca bajaba a los detalles y cuando uno trataba de que concretase, se iba por la tangente. Rehuía todo lo que fuera puntualizar. Lo que ha hecho es una usurpación de biografías ajenas. Él no vio Mauthausen ni por el forro. Tanto por su contextura psicológica en general como por las relaciones históricas y personales, su testimonio no concordaba en absoluto».

García Rúa llegó a pensar durante años que Enric Marco había sido voluntario de la División Azul: «Lo sospeché una vez que su historia no me encajaba y porque las fechas de su marcha a Alemania y posterior regreso a España coincidían con las de la División Azul. Ahora se ha documentado que no fue a Alemania como combatiente, como yo había llegado a creer, sino como trabajador voluntario. En todo caso, lo que no se sostenía de pie era que siendo un saboteador contra los nazis y habiendo sido torturado, le permitieran volver a España, como aseguraba. Sencillamente lo hubiesen ejecutado». El gijonés García Rúa, catedrático jubilado de Filosofía y avezado dirigente cenetista -fue secretario general de CNT en Andalucía y durante cuatro años también secretario nacional, además de secretario general de AIT y director en dos etapas del periódico «CNT»-, coincidió con Marco en al menos tres actos sindicales: dos en Asturias y uno en París.

En la capital francesa participaron conjuntamente, en tanto que máximos responsables de CNT en Andalucía y Cataluña, respectivamente, en un acto de apoyo a varios cenetistas que habían sido acusados del incendio de la sala Scala de Barcelona. «Aquello fue una maniobra para desprestigiar a CNT, que había cobrado fuerza en el arranque de la transición y que era percibida como peligrosa porque no había firmado los pactos de la Moncloa», señala García Rúa. «El atentado fue obra de un confidente policial, pero lograron que en dos semanas perdiéramos 150.000 afiliados. El acto de París fue organizado por la Federación Anarquista Francesa y la CNT de ese país», indica el asturiano. Aquello pasó a fines de 1978 o principios de 1979, recuerda.

Los otros dos encuentros se produjeron en Asturias. Uno había tenido lugar meses antes de la cita parisina: fue en el mencionado acto sindical del 1 de abril de 1978 presidido por la histórica dirigente anarquista Federica Montseny, que entonces tenía 73 años. «Aquel día nos llovió en la plaza de toros de Buenavista como si nunca antes hubiera llovido», recuerda García Rúa. «Fue un aguacero tremendo. Había unas 300 personas y en aquel acto tomamos la palabra Montseny, Marco y yo, y alguien más que no recuerdo».

El otro encuentro fue mucho más tenso. Se produjo en pleno proceso de ruptura de la CNT, con la escisión de aquel sector que pasó a denominarse CNT Renovada y que, tras una fallo judicial, acabó adoptando la actual denominación de CGT. Enric Marco desde Barcelona fue uno de los que abanderó la escisión. Invitado por el histórico dirigente libertario asturiano Ramón Álvarez Palomo, protagonizó un acto en la Casa Sindical de Gijón en defensa de la posición que ambos compartían. «Marco fue secretario general de CNT en Cataluña entre junio o julio de 1978 y diciembre de 1979. En el V Congreso, celebrado en diciembre de 1979, es donde se produce la escisión y se van de CNT cuarenta de los cuatrocientos sindicatos que integraban la Confederación», explica García Rúa. «El acto de Gijón fue a principios de 1980, en el arranque de la escisión. Ésta ya se había producido en Asturias y Marcos fue a Gijón a apoyarla. Yo intervine en el salón de actos de la Casa Sindical para rebartirle».

Un cuarto de siglo después, y situados uno y otro en organizaciones distintas, García Rúa cree que Marcos «hizo mucho daño a la CNT». «Y ahora de nuevo la daña porque en la prensa se le sigue asociando con la CNT», añade. (La CGT, a la que se pidió opinión para elaborar esta información, no facilitó su versión.)


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